Lo reconozco, yo maúllo a mi gato

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Y lo hago cada día…

Sí, así es. Maúllo a mi gato. Pero no con un “miau” de vez en cuando, ¡Qué va! Estamos hablándonos constantemente.

Él se da su paseo por la cocina mientras estoy cocinando, o se arremolona en su rincón del sofá mientras yo enciendo la tele con el mando a distancia, me mira con cara de extrañeza cuando hago la cama, o detiene su caminar y se gira hacia mí justo cuando pasa por delante de la pantalla del PC… y ahí empieza todo:

– Mmmmmmiau

– Mmiau

– Mmmmmmiau

– Mmiau

– Mmmmiau

– Pero… ¿Miau-miau?

– Mmmmrrrrr… iau

– ¡Ah!, vale

– Mmmmiau

– Claro que sí, bonito…¡Miau!

– Grrrruñu-grrrruñu-grrrruñu..

– ¡Mmmmmrrrrrrriau!

– ..iiiiiiii  (mientras ladea la cabeza, como preocupándose por mí)

Maúllo a mi gato y él me mira

Posiblemente tendría que buscar una excusa que justifique de algún modo mi comportamiento. No sé… un “me siento solo”, “nadie me entiende como él”, o “no, no creas, estaba bromeando”, pero no sería honesto.

Para mi desgracia, además, el papel de “la loca de los gatos”, que por otra parte me supondría una coartada perfecta,  no me va. Ni puedo excusarme en que, al igual que ellos modulan su maullido para obtener los favores de su humano, yo estoy aprendiendo su lenguaje para influir en su comportamiento. No, yo maúllo a mi gato, y no sé por qué…

Sean comprensivos. Si me vieran decirle “ava-ava-guñu-guñu” a un bebé seguramente no me mirarían así. ¿Qué tiene de malo si yo maúllo a mi gato? Además, aunque no me crean, él me entiende.

Más de una vez, tras una larga conversación, él se ha dado la vuelta y se ha ido por donde vino (seguramente dolido por mi última frase que, en mi aprendizaje de su idioma, compuse equivocadamente y con un sentido muy Maullo a mi gato y el me mira de reojodistinto a mi intención), o me giña suavemente su ojo como diciéndome “¡Hey, colega, yo iba a decir eso precisamente, me has leído el pensamiento”. No sería la primera vez que, viendo tumbados la televisión, exclamo yo un rotundo “¡Miau!” para expresar mi admiración por lo que sale en pantalla, a lo que él responde un “Grrñá…” a la vez que gira la cabeza y la esconde entre sus patitas en un gesto que claramente me dice “Ay, humano, eso es una tontería. ¡Cuánto te falta por aprender de la vida!…”. Cuando jugamos a cazar al pajarito de la caña, o al ratoncito que corre por el suelo, él se empeña en ignorar mis maullidos con su silencio, casi exigiéndome que me calle yo también y me centre en la caza, o terminaré por espantar a las presas, que para eso hemos venido.

Sí, señores, yo maúllo a mi gato, y él me entiende.

Y creo que soy un alumno disciplinado, porque ya he averiguado lo que le gusta y lo que detesta escuchar. Le agrada cuando mis maullidos hablan de su belleza y de su porte, de cómo llena toda la casa con su presencia. Le gusta, y alza la mirada para prestar más atención, cuando le cuento historias de sus ancestros egipcios, o cuando le narro la historia del gato que hablaba con la luna. Me pone mala cara cuando mi maullido habla de una pastilla que hay que tragar, o cuando le dejo clara la diferencia entre SU juguete y MI teléfono móvil, y cómo uno tiene permitido suicidarse desde la mesa y el otro no. Mi maullido se torna bufido cuando le explico que ese cable no es masticable como los palitos de salmón del supermercado; y créanme, señores, eso lo entiende a la primera y se marcha con un gruñido que he aprendido a interpretar como “vale por esta vez, pero ya caerá otro cable de estos”.

Maúllo a mi gato y él maulla a los pájarosAhora que ya he avanzado estoy empezando a practicar con las moscas, y los pájaros que se ven por la ventana. He aprendido que a éstos hay que reñirles con un sonido especial, una especie de “grruii-grruii-grruii…” muy rápido, que se emplea mientras se mantiene la mirada muy fija en el animal volador en cuestión (creo que lo de la mirada fija es algo muy importante en este caso). Lo voy entendiendo, pero aún me falta mejorar la pronunciación. Yo le miro a él, como esperando su aprobación o corrección a mi forma de entonar, pero en esos casos él me ignora profundamente, como si yo hubiera desaparecido de su habitación y su mundo…

 

Eso es todo lo que les puedo decir, señores, respecto a lo que me preguntan. ¿Pueden ahora decirme por qué han llamado a mi puerta vestidos con sus batas blancas?

¿Cómo?, ¿Qué dicen?, ¿Qué sólo venían a decirme que me ha tocado una beca, y que vienen a llevarme a una academia llena de gatos con birrete, donde voy a poder progresar todo lo que quiera?, ¿Que en ese sitio tendré un sofá enorme donde estirarme como nunca, y que podré lamerme todo el cuerpo sin que nadie me diga nada?

¡Haber empezado por ahí! No se diga más. Déjenme un par de minutos para hacer mi equipaje y estoy con ustedes. Si ven salir al ratón que se me escapó ayer bajo el sofá díganle por favor que me espere. No quisiera irme sin él.

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6 Comentarios

  1. ¡¡Oléeee!! qué precioso post. Dime dónde hay que apuntarse para la beca 🙂

    Miga y yo también tenemos largas conversaciones, habitualmente en la cocina, dónde me acompaña cuando me preparo algo para comer. No para pedir comida… nooo… ¡para charlar!

    Por cierto, el sonido que hacen los gatos al ver pájaros o moscas que no puede alcanzar es como un castañeo de dientes es una especie de actitud desplazada del mordisco letal que emplea al cazar una presa. Los míos hacen “geck-geck-geck” cuando ven un bicho volador…
    este video encontrado en you tube ilustra muy bien esta extraña actitud http://youtu.be/IaibckkTurY

    Saludos felinos

Dinos algo: